miércoles, 1 de octubre de 2014

RENOVARSE O MORIR

  
EMPEZAR LA CASA POR EL TEJADO

Hay un dicho en castellano que dice así, quien la sigue la consigue. Y este mismo lema le venía a Esperanza Watson como anillo al dedo. Es una joven estudiante  de universidad, procedente de Estados Unidos aunque se ha criado en España toda su vida. Con todas las ganas inimaginables, estaba dispuesta a comerse el mundo y luchar por lo que quería, una escuela 2.0.

Esperanza estudió un Grado en Educación Primaria. Creía firmemente en que desde la educación otro mundo es posible. Siempre fue una chica diferente, especial, con un potencial bastante considerable. Tenía todo en su mano para conseguir el mejor centro, la localización, la idea, la metodología… todo estaba listo, lo único que faltaba era el capital. Éste no tardo mucho en llegar, aunque fue de la manera más inesperada.

Hace unos meses atrás, Esperanza se apuntó a ser voluntarios los fines de semana en una residencia de ancianos. Allí les daba de comer y les ayudaba a entretenerse. Siempre veía a la misma mujer vestida de verde y blanco mirando por la ventana con mucha nostalgia. Un día se acercó a ella pero no recibió más que gritos obligándole a marcharse de su lado lo antes posible. No servía de nada intentarlo, esa mujer debía tener mucho odio por el fallecimiento de su esposo. Parecía que estaba esperando a morir, y cualquier persona que le distrajese de aquella drástica tarea no era bienvenida cerca de su lado. Esperanza se resigno a ser algo agradable, tenía muchos más ancianos de los que hacerse cargo. Pasaban los días y ella se sentía más a gusto que nunca en la residencia, podía contar sus sueños y ambiciones a todos los abuelitos de los que se encargaba. Todos ellos no hacían otra cosa que animarla, en sus ojos se podían distinguir la nostalgia que sentían por la juventud, las ganas de comerse el mundo y luchar por lo que uno quiere. Esperanza contó sus planes de crear un colegio que estuviese a la altura de sus sueños y expectativas. Pero no había financiación.

Dejó de trabajar en el voluntariado ya que se tenía que centrar en su carrera, y en el trabajo de fin de grado. No volvió a ver a los ancianos ni a la señora de verde que vivía amargada. Pero las más grandes de las casualidades ocurrieron. Recibió un cheque de aquella señora a su nombre, le había dejado toda su herencia y una carta que decía lo siguiente:

En la vida puedes hacer dos cosas, vivirla o verla pasar. Desde la muerte de mi esposo yo he estado viendo mi vida pasar, aburrida y sin alegría. No dejes que eso te pase nunca, y disfruta de lo que tengas con quien más quieras.

La herencia no era tampoco mucho dinero, pero el suficiente como para convencer a los bancos de ser una buena candidata para el préstamo y comenzar el proyecto de su vida cuando acabara la universidad.    


CUANDO QUIERES LO QUE TIENES, TIENES TODO LO QUE QUIERES

Un día tienes diecisiete planeando el resto de tu vida, y sin apenas darte cuenta, silenciosamente y sigilosamente el resto de tu vida es ahora.  

Han pasado cinco años desde que Esperanza se graduó. Parece mentira que haya pasado ya un lustro, su vida había dado un cambio de ciento ochenta grados. Los sueños que tenía, los cuales todo el mundo creía que era unas ideas macabras, se habían convertido en su realidad, su día a día y lo que le daba de comer. 

El colegio que había creado Esperanza se llamaba "Hope and Faith School". Estaba en las afueras del centro de la ciudad de Lyon. Era una escuela con curriculum estadounidense, todo se cursaba en inglés además de clases en español como aprendizaje de una tercera lengua. 

Era el proyecto de su vida, a lo que iba a dedicarse siempre, todo tenía que ser perfecto. No podía fallar nada. A la hora de elegir el edificio, los profesores, la decoración... Había una oportunidad entre mil para que fuese todo sobre ruedas. Pero Esperanza era esa única oportunidad, con esfuerzo y perseverancia todo sale como uno quiere. 

El edificio fue construido por su pareja, un arquitecto frustrado que no encontraba nada de trabajo excepto el que Esperanza le daba. 

Pero el problema llega a la hora de contratar a los empleados. No todo el mundo sabe trabajar con las TIC. Esperanza tenía muchas ganas de que su centro fuese innovador, que fuese un ejemplo a seguir y que personas alrededor del mundo quisiesen hacer lo mismo que ella. Sus aulas iban a tener: ordenador del profesor, pizarra digital y cada alumno tendría un ipad que el colegio ofrecería a cada alumno.  Pero no todos los docentes son nativos tecnológicos.  Hay muchos profesores que son bastante incapaces de adaptarse a las nuevas tecnologías, en cambio, los niños han nacido en el mundo tecnológico y tienen mucho control de los dispositivos digitales. Básicamente aprenden a través de ellos, no como muchos jóvenes y adultos que se han vistos forzados a aprender. Por eso era difícil para Esperanza encontrar personas cualificadas para el trabajo.

Hubo tres meses de sufrimiento y de desesperación ya que no todos eran capaces de entender las TIC. Todos los candidatos al puesto estaban muy a favor del constructivismo y todas las teorías estudiadas en psicología del desarrollo. Pero en cuanto se preguntaba por las TIC se asustaban. Intentaban quedar bien diciendo que  el aprendizaje con las TIC. 

Tardó muchísimo tiempo en encontrar a un grupo de docentes que cumpliesen los requisitos, como por ejemplo: tener una actitud positiva a la hora de trabajar con las  TIC, tener conocimientos elevados y usar con cierta destreza las TIC e integrarlo en el curriculum, introducir las TIC en el mundo educativo y en las aulas. 

Ciertos profesores como Rober, Robin, Clara, Eleonor, Louise, Marion... Entraron dentro de algunas de las características que Esperanza imponía a la hora de optar al puesto. Ellos lo consiguieron, pero el problema va más allá. 
NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE
Muy felices ellos, tras haber encontrado el trabajo de sus sueños, y Esperanza muy motivada por comenzar a trabajar en el proyecto de su vida, comenzaron los problemas.
El centro era pequeño, apenas unos quince alumnos por clase y tenía desde primaria hasta bachillerato. Se supone que iba a revolucionar el mundo educativo. Tenía todas las papeletas para salir bien, pero no fue ese el caso.  Algunos profesores estaban más que cualificados para dar clase pero les faltaba el conocimiento de las TIC, a pesar de toda la experiencia que tenían, pero ellos con las “maquinitas”,  así lo llamaban, no se enteraban de nada. Y lo poco que utilizaba era poner un power point. Escribir lo hacían en la pizarra blanca de rotulador que había. En cambio, los que eran un poco más modernos no tenían muchísima experiencia, y en algunos casos los alumnos sabían mucho más que los propios docentes.
Esperanza vivía en la desesperación, porque toda la propaganda que había hecho de su colegio parecía que era mentira, en realidad era un poco ya que no había más de tres docentes que supiesen usar las pantallas digitales, los ordenadores y los IPADS a la perfección.
Los tres primeros años las cosas iban más o menos bien, pero los padres se daban cuenta que las cuotas que pagaban para mandar a sus hijos al colegio no eran equiparables con el conocimiento que tenían los profesores de las TIC. Con los años fueron yéndose cada poco a poco los alumnos, hasta que la situación fue insostenible. Quitó bachillerato, pero no fue suficiente, recortó personal, pero tampoco bastaba. Contrató a muchos docentes bilingües y nativos en inglés y francés para ver si la demanda mejoraba. Pero una vez que se gana la mala fama es muy difícil recuperarse.
Esperanza seguía luchando, intentaba sacar hacia delante el sueño de su vida, para lo que había trabajado siempre, y que gracias a una gran señora vestida de verde había conseguido la oportunidad de empezar.
Profesores se acabaron marchando del centro por el mal ambiente y a veces los malos comentarios que recibían de Esperanza. Les llegó a decir que no había salido bien porque en esta sociedad, a pesar de ser tecnológica los docentes no están cualificados en todos los aspectos que se les exige.
Esperanza pedía que supiesen idiomas,  que se supiesen el contenido y tuviesen buena didáctica y recursos, pero sobre todo que manejasen las nuevas tecnologías como los niños. Pero parece que es imposible. Extremadamente pocas personas son buenos docentes con todas las cualidades necesarias. Algunos cumplen un requisito, dos incluso, pero los tres… no… no por ahora. Pero es que ni aunque pasen mil años estarán al nivel de las tecnologías. Éstas avanzan con una rapidez extrema, pero el conocimiento y control de ellas a la vez que se van  evolucionando no existe, muy pocas personas llegan esos niveles, y las que llegan pocas, poquísimas son docentes.
Esperanza culpó a sus empleados por no querer asumir su fracaso. Y tras tres años de constantes perdidas y estar en números rojos decidió cerrar sus sueños. Sin previo aviso, y con mucho dolor, Esperanza se encontró vacía y sin nada que hacer. Decidió hacer una carrera de informática, y buscar los módulos, másteres necesarios para ser la empleada que ella siempre quiso. No estaba dispuesta a fracasar una vez más.

Cobo, J. C. (2009). El concepto de tecnologías de la información. Benchmarking sobre las definiciones de las TIC en la sociedad del conocimiento. Zer14

Coll, C. (2009). Aprender y enseñar con las TIC: expectativas, realidad y potencialidades. En Los desafíos de las TIC para el cambio educativo. Madrid: Fundación Santillana.

Gallego, M. J., Gámiz, V., G. Santiuste, E. (2010). El futuro docente ante las competencias en el uso de las tecnologías de la información y comunicación para enseñar. EDUTEC. Revista electrónica educativa, (34).

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Domingo Moratalla,  A. (2013). Educación y Redes Sociales.  Madrid: Ediciones Encuentro.

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